No sabría decir con certeza cuántos despachos de agencias de prensa acerca de la actualización de nuestro modelo económico socialista he leído desde que fue hecho público el proyecto de Lineamientos económicos y sociales del Partido y la Revolución.Disquisiciones y conjeturas van y vienen a diario arrimando la brasa a las sardinas de sus autores, sacando conclusiones ajenas a la realidad cubana.
Los calificativos de “tímidas reformas”, de “lentitud” en la aplicación de los cambios, de que estos son “insuficientes” y otras especulaciones se han convertido en un cliché.
Como dice el refrán, cada quien ve el mundo del color del cristal con que lo mira, y quienes reiteran hasta el cansancio tales afirmaciones lo hacen desde la óptica de los intereses del imperio.
Todavía en la cabeza de muchos de esos “analistas” no cabe la idea de que los cubanos no hemos abandonado ni abandonaremos el socialismo, sino que hemos decidido perfeccionarlo fortaleciendo el Estado, sus instituciones, nuestras organizaciones sindicales; enfrentando insuficiencias, eliminando trabas burocráticas, potenciando la eficiencia de la empresa socialista a la vez que propiciamos, sin temor, la amplia participación y la iniciativa personal de cada ciudadano en el proceso de transformaciones.
No ha habido voluntarismo en la adopción de las medidas de diverso orden que han venido aplicándose ni lo habrá en las que se instrumentarán en el futuro.
Todo ha venido haciéndose y se hará con los pies y los oídos puestos sobre la tierra, escuchando criterios dispares, analizándolos desprejuiciadamente, reconociendo la razón que pueda haber en ellos incluso cuando sean discrepantes de los catalogados como oficiales, asumiéndolos en tal caso, aunque haya sido la solitaria opinión del ciudadano de algún lejano rincón de nuestra geografía, como se puso de manifiesto en la discusión popular de los Lineamientos.
La aplicación de tales medidas pone al país en condiciones de minimizar las negativas consecuencias que la crisis global ocasiona a nuestra población, que se han sumado a los efectos del criminal bloqueo económico, financiero y comercial que el gobierno norteamericano mantiene férreamente sobre nuestro pueblo.
Estas últimas son razones más que suficientes para comprender la importancia del planteamiento del General de Ejército Raúl Castro Ruz cuando afirmó en su intervención en la clausura del IX Congreso de la UJC, de que “la batalla económica constituye hoy, más que nunca, la tarea principal y el centro del trabajo ideológico de los cuadros, porque de ella depende la sostenibilidad y preservación de nuestro sistema social”.
No fue esta una frase de ocasión ni para tenerla a flor de labios, repitiéndola como autómatas, sino para interiorizarla de tal modo que nos sirva de brújula al tomar decisiones, en cada análisis administrativo o sindical.
No creo exagerar si afirmo que cada ciudadano, empleado estatalmente o por su cuenta, debía plantearse antes de comenzar su jornada, qué podría hacer ese día, semana o mes, para que él y quienes lo rodean logren mayor eficiencia.
Sería esa una muestra de que realmente, tanto los cuadros convocados por Raúl para que la economía sea su principal compromiso ideológico como el resto de los trabajadores han interiorizado su pronunciamiento dándole el sentido con el que fue expuesto.
Colocar a la economía en el centro de atención de los cuadros responsabilizados con su conducción —a lo que no son ajenos los dirigentes sindicales— tiene un profundo contenido ideológico, pues es demostrarles a quienes ven como única salida para Cuba un capitalismo maquillado con un lenguaje de apariencia socialista, que los sueños de justicia y bienestar de nuestros más de 50 años de Revolución pueden ser perfeccionados, y seguir siendo viables pese al acoso imperial y los vaivenes de la crisis global.
Jorge Luis Canela Ciurana
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